El avión se encontraba volando a dos mil metros de altura. Soltó su carga de veinte paracaidistas deportivos. En el aire empezaron a hacer figuras geométricas: rombos, círculos, triángulos, estrellas, etc. Cuando estaban a una altura de quinientos metros, el capitán del equipo dio orden de abrir los paracaídas. A un miembro del equipo el paracaídas no se abrió. Su cuerpo, irremediablemente, iba a chocar contra la tierra .Hacía titánicos esfuerzos para tratar de abrirlo, pero no lo conseguía.
Cuando estaba a escasos metros de altura, toda su vida empezó a desfilar ante sus ojos. Y empezó a preguntarse: ¿pero qué hago aquí? No he sido nunca un paracaidista y, además le tengo miedo a las alturas –soy acrofóbico- ¿cómo llegué a estar metido en esto? Con el terror reflejado en su rostro, lanzó un fuerte grito y se estrelló contra el piso.
Se despertó y escuchó la voz de su esposa que, alarmada, le dijo: Raúl ¿Qué te sucede? Lanzaste un fuerte grito y te caíste de la cama
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